28 de mayo de 2010

Ting / El Caldero



en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:


arriba Li, Lo Adherente, el fuego
abajo Sun, Lo Suave, el viento, la madera



Todo el signo ofrece la imagen de un caldero: abajo las patas, luego el vientre, luego las orejas, o sea las asas, y arriba las argollas para portarlo. La imagen del caldero sugiere al mismo tiempo la idea de la nutrición. El caldero, fundido en bronce, era el utensilio que en el templo consagrado a los antepasados y durante los festines celebratorios contenía los alimentos cocidos. El amo de casa los extraía del mismo y los distribuía en las escudillas de los huéspedes.

También el pozo implica como idea secundaria dispensar alimento, pero ahí se trata de un alimento destinado más bien al pueblo. El caldero en cuanto utensilio de una cultura refinada, sugiere el cuidado y la alimentación de los hombres capaces, un cuidado que redundaba en bien del gobierno estatal (cf. los cuatro signos de la alimentación, números 5, 27, 48, 50). Este signo y el signo "Pozo" son los dos únicos en el Libro de las Mutaciones que representan objetos artificiales concretos. Aunque también en estos casos la idea tiene su faz abstracta. Abajo Sun es la madera y el viento, arriba Li es la llama; de modo que representa la llama avivada por la madera y el viento, que, por su parte, también sugiere la idea del apronte de los alimentos.

EL DICTAMEN

El caldero. Elevada ventura. Éxito.


Mientras que el pozo trata del fundamento de lo social, que es como el agua que sirve de alimento a la madera, en este caso se alude a la superestructura cultural de la sociedad. Aquí es la madera la que sirve de alimento a la llama, a lo espiritual. Todo lo visible debe intensificarse y continuarse hasta penetrar en lo invisible. Así obtiene la debida consagración y la debida claridad, y arraiga firmemente en la trama de los nexos universales.

De este modo se exhibe aquí la cultura, tal como alcanza su culminación en la religión. El caldero sirve para los sacrificios ofrecidos a Dios. Lo más elevado de lo terrenal ha de ser sacrificado a lo divino. Pero lo verdaderamente divino no se presenta como separado de lo humano. La más alta revelación de Dios se encuentra en los profetas y los santos. La devoción que se brinda a éstos es la verdadera devoción hacia Dios. La voluntad de Dios, que se manifiesta por intermedio de ellos, debe ser acatada humildemente, y entonces surgirá la iluminación interior y la verdadera comprensión del mundo que conduce a una gran ventura y al éxito.

LA IMAGEN

Sobre la madera hay fuego: la imagen del caldero.
Así el noble, rectificando su posición, afirma el destino.

El leño es el destino del fuego; mientras subsiste abajo, el fuego arderá arriba. Esto es lo que ocurre con la vida humana. También en el hombre hay un destino que presta fuerzas a su vida. Cuando se logra asignar a la vida y al destino el sitio correcto, se fortifica el destino, pues así la vida entra en armonía inmediata con el destino. Se encuentran en estas palabras alusiones al cultivo de la vida tal como la transmite por tradición oral la doctrina secreta de la práctica del yoga chino.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:
Un caldero con las patas tumbadas.

Propicio para eliminar lo estancado.

Uno toma una concubina por amor a su hijo.

Ningún defecto.


Si uno vuelca el caldero antes de ponerlo en uso, esto no tiene nada de malo. Al contrario, de este modo salen los desechos. Una concubina es, de por sí, de baja condición, mas como tiene un hijo, logra honores.

Estas dos parábolas expresan la idea de que, en épocas de alta cultura como las indicadas por el signo, todo el que tiene buena voluntad puede de algún modo alcanzar su meta. Por baja que sea la condición de uno, con tal de que esté dispuesto a purificarse, será aceptado; alcanzará una situación en la cual podrá mostrarse fructífero en sus realizaciones, encontrando reconocimiento por ello.

Nueve en el segundo puesto significa:
En el caldero hay alimento.
Mis compañeros sienten envidia,

pero nada pueden contra mí.

¡Ventura!


En épocas de elevada cultura todo depende de que realmente uno realice algo. Si uno no confía sino en realizaciones reales, acaso llegue a tropezar con la envidia y el disfavor; pero esto no es peligroso. Cuanto más se limite uno a sus propias realizaciones positivas, tanto menos podrán afectarlo los envidiosos.

Nueve en el tercer puesto significa:
El asa del caldero está alterada.

Uno está impedido en su modo de vivir.

La grasa del faisán no se come.

Sólo cuando se precipite la lluvia,

se agotará el arrepentimiento.

Finalmente llega la ventura.


El asa es el elemento por el cual el caldero es alzado. Si se modifica el asa, el caldero no puede ser alzado y utilizado, y los finos alimentos que contiene, como la grasa de faisanes, lamentablemente no sirven a nadie de alimento.
Esta es la caracterización de alguien que, en una época de alta cultura, está en un lugar donde nadie lo tiene en cuenta, y así no encuentra reconocimiento, lo cual constituye un grave freno para su actuación. Todas sus buenas cualidades y dotes espirituales se desgastan inútilmente. Empero, sólo es necesario cuidar de que el hombre albergue realmente en su interior una posesión espiritual. Entonces sin duda llegará finalmente la hora en que se desvanecerán los impedimentos y todo marchará bien. Como en otros casos, la caída de la lluvia simboliza aquí la desaparición de la tensión.

Nueve en el cuarto puesto significa:
Al caldero se le rompen las patas.

La comida del príncipe se derrama

y se mancilla su figura.

¡Desventura!

Tiene uno por delante una tarea grave, plena de responsabilidad, para cuyo cumplimiento no está preparado. Como, por otra parte, uno no se dedica a esta tarea con todas sus fuerzas, sino que mantiene trato con gentes de baja condición, se malogra el proceso. Con ello uno mismo atrae sobre sí oprobio y vergüenza.
Kung Tse dice al respecto: "Carácter débil y posición honrada, poco saber y grandes planes, escasa fuerza y grave responsabilidad - rara vez escapará a la desventura."

Seis en el quinto puesto significa:
El caldero tiene asas amarillas, argollas áureas.

Es propicia la perseverancia.


Hay un hombre en posición gobernante, accesible y modesto en su modo de ser. Gracias a esta actitud interior logra encontrar ayudantes fuertes y capaces que lo complementan y le ayudan en la ejecución de su obra. Es importante que en esta actitud, que requiere una constante abnegación interior, no se deje uno desviar de su rumbo, sino que permanezca firmemente en él.

Al tope un nueve significa:
El caldero tiene argollas de jade. ¡Gran ventura!

Nada que no sea propicio.


En el texto del trazo anterior se designa a las asas portadoras como áureas, con el fin de caracterizar su solidez. Aquí se designan como de jade. El jade se destaca por unir a la dureza un suave brillo. Desde el punto de vista del hombre accesible a los consejos, este es un consejo que actúa como un fuerte estímulo. Se hace referencia a este consejo desde el punto de vista del sabio que lo dispensa.
Aparecerá suave y purificado como el noble jade. De esta manera la obra encuentra beneplácito a los ojos de la divinidad dispensadora de gran ventura, y se torna grata a los hombres por lo cual lodo marchará bien.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

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